¿Por qué no nos gustamos?

¿Por qué no nos gustamos?

¿Alguna vez has dudado de ti misma? Si respondes "no", hay una posibilidad de 99.9% de que no seas humano. Solo digo. Cuando eres un niño, sueñas y pretendes ser lo que imaginas que es la definición de la vida perfecta. Tu mente joven no tiene obstáculos en lo que crees que puedes hacer y ser. Es una hermosa inocencia que se pisotea brutalmente cuando la realidad llega a tu vida.

Gracias a las redes sociales y la habilidad de transmitir nuestras vidas diarias, nuestras identidades nunca han estado tan libres al ataque. Las generaciones pasadas solo tenían sus vecinos para envidiar. Hoy, el mundo entero podría ser ese vecino, solo con una rápida visita a su cuenta de redes sociales favorita. Este embate a las redes sociales, asociado con los fundamentos sociales y psicológicos de la sociedad que se desmoronan, se ha convertido en un nuevo brote de crecimiento para el síndrome impostor.

¿Qué es exactamente el "síndrome impostor"? Es "una colección de sentimientos de insuficiencia que persisten a pesar del éxito evidente". (fuente) ¿Sabes cuándo se presenta la oportunidad de subir otro peldaño en la escalera y pasas horas o días pensando en todas las razones por las que no puede hacerlo? Ese es el síndrome impostor, la culminación de permitir que las influencias externas definan quién eres en el interior.

Lidiando con el síndrome impostor no es una diagnostico terminal. Pero no es un proceso de recuperación fácil. Permitir que el síndrome impostor tenga ese control sobre tu vida es un indicador de un problema aún mayor: no conocer tu propia identidad.

“¿Cómo va a ser posible que ustedes crean, si unos a otros se rinden gloria, pero no buscan la gloria que viene del Dios único?” – Juan 5:44

Siendo una audiencia a tantas diferentes identidades es una prueba enorme de nuestro control propio y nuestra fe en la idea de que todos fuimos dado una “vida perfecta” en Cristo aun antes de nacer. Esa prueba es una que muchos fallamos. Únete a nosotras este mes a lo que aprendemos como silenciar el ruido y la mala dirección del mundo y seguir la única opinión que importa: la de Dios.

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